lunes 8 de junio de 2009

Mi árbol...


Amo mi árbol. Y no podía esperarse otra cosa, pues provengo de sus ramas. Como su fruto, a veces quisiera separarme lo más pronto, pero su raíz me alimenta, es mi origen, donde reposan mis fundamentos. Siempre he visto al árbol demasiado fuerte y muchas veces he creído que su madera es muy dura. Pero también enferma y no es tan recio como yo quise creer.
A veces me enojo con el árbol, nos parecemos tanto que quizá eso nos hace chocar. Pero cuando enferma, me preocupa demasiado y no sé qué hacer para ayudarle. A veces no escucha a su fruto, porque su condición le hace pensar que sólo debe defendernos y alimentarnos y no mostrarse débil ante nosotros. Pero sé que entenderé mucho mejor cuando yo me convierta en árbol.
Al final, sólo me queda esa seguridad: A pesar de todo, yo amo a mi árbol.