lunes 8 de junio de 2009

Mi árbol...


Amo mi árbol. Y no podía esperarse otra cosa, pues provengo de sus ramas. Como su fruto, a veces quisiera separarme lo más pronto, pero su raíz me alimenta, es mi origen, donde reposan mis fundamentos. Siempre he visto al árbol demasiado fuerte y muchas veces he creído que su madera es muy dura. Pero también enferma y no es tan recio como yo quise creer.
A veces me enojo con el árbol, nos parecemos tanto que quizá eso nos hace chocar. Pero cuando enferma, me preocupa demasiado y no sé qué hacer para ayudarle. A veces no escucha a su fruto, porque su condición le hace pensar que sólo debe defendernos y alimentarnos y no mostrarse débil ante nosotros. Pero sé que entenderé mucho mejor cuando yo me convierta en árbol.
Al final, sólo me queda esa seguridad: A pesar de todo, yo amo a mi árbol.

martes 26 de mayo de 2009

Sin título.

Me pregunto a qué saben los sueños devorados, cómo crujen las esperanzas de quienes buscan alcanzar una meta "a la buena", de los que se esfuerzan por conseguir un objetivo sin pisotear a los entes a su alrededor. ¿A qué sabrá la bondad traicionada? 
Ya nada se consigue sin una doble cara. ¿Cómo puede brotar de una misma fuente agua dulce y agua amarga? No lo sé, aunque quisiera descubrirlo. 
No soy quién para juzgar. No lo hago. Pero a pesar de lo grande de la viga de mi ojo, puedo ver más de lo que quisiera. Quizá mi condición de injusta me permita observar la injusticia. Tal vez mi condición humana, imperfecta, me haga querer buscar la perfección, si no en mi, verla realizada en otros. Quizá por los pocos sueños que me quedan, por la poca bondad en mi, quisiera que los que conozco no sufran, que logren aquello por lo que han luchado. Por desgracia no siempre es así.

jueves 21 de mayo de 2009

Penélope...

Penélope se sienta frente al balcón para mirar por la ventana si el mar le da algún indicio del paradero de Odiseo... Nada, aún no pasa nada. Se siente cansada de la espera, harta por ratos, furiosa porque no ha llegado, pero convencida de que el amor que le profesa es mucho más fuerte, y que toda historia debe tener un final al menos aceptable, de preferencia feliz. Penélope se va a dormir sabiendo que algún día él regresará.

domingo 19 de abril de 2009

Cuarto creciente (2da. parte)


Pero la reflexión no concluye con mi apreciación del habitante lunar. Pensar en el propio ser requiere también del tiempo adecuado y las ganas de explorar un terreno que me parece escabroso. Pero los días, las circunstancias, muchas cosas, me han orillado por ratos a meditar sobre lo que soy. Hablando del lunático, hablo de mi misma, finalmente, porque lo percibo a través de la relación que nos une. Pero bueno, ese ya fue tema de la entrada anterior, en esta ocasión me refiero a lo que veo en mi.
Siempre consideré mi existencia complicada. Quizá porque no la contemplaba desde el ángulo adecuado, o quizás porque así quise que fuera. Y no me detenía a pensar en todas las cosas que hacía, por el temor tal vez, de enfrentar los cuestionamientos que mi propia mente me haría. Aún no descubro si por ese motivo tengo tan mala memoria. Pero parte de esta actitud, motivada por inmadurez, me llevó al dramatismo que repercutió en gran parte de las relaciones que establecía con los otros. Algunas terminaron con el absoluto alejamiento, otras con finales inconclusos, y varias que gracias al diálogo han podido pasar los topes.
Mi mente muchas veces crea historias más grandes respecto a ciertos sucesos, siempre rumbo a peor. Hace unos días escuché en un programa que uno debe aprender a callar a "la loca de la casa", aquella que grita, se enoja y nos lleva a cometer actos que después de que pasa la ira, nos arrepentimos. Me pareció una forma divertida de denominar a mi mente en algunas situaciones. La "loca de mi casa" ha gritado muchísimas veces tantas cosas que revuelve todo lo que pasa dentro de mi. Y cuando llega la hora de enfrentar las consecuencias de sus gritos, se pregunta por qué le pasa lo que le pasa.
Parte de lo que me ha llevado a reflexionar/escribir esto fue la determinación de dejar de complicarme la vida (aunque ya lo he intentado varias veces, pero bueno, sigo luchando por alcanzarlo). A veces siento que me he perdido de tantas cosas por no callar a la "loca de mi casa", por no respirar y contar hasta diez como decía el comercial, por no hablar a tiempo, por hablar de más, por engrandecer cuestiones que no tenían la más mínima importancia. Pero la vida no deja de ser aprendizaje, y aunque algunas lecciones toman más tiempo que otras, siempre queda la experiencia.
Por ahora me encuentro en proceso. Disfrutaré más de la vida y las bendiciones que se me han ofrecido. Y seguiré en el camino, mientras esta luna sigue en cuarto creciente.

jueves 16 de abril de 2009

Cuarto creciente...

Algunas noches atrás recordaba mis viajes por el desaparecido pedazo de tierra lunar. Lo que entre líneas me dejaba ver el viajero selene me permitió conocerlo de una forma distinta. Pude reconocerme también en algunas de las palabras que dejaba como vestigios de su recorrido. No puedo decir que lo entendía del todo, a fin de cuentas, mi observación se daba en la distancia, impuesta por mi incapacidad de comunicarme con él por algunos momentos. 
Pero a pesar de esto, percibía alguna que otra palabra que me dedicaba, o que, quizá confundía como mía. Aún conservo sus últimas líneas, quizá porque de forma más directa se refería al seguimiento que le daba y a las huellas que me atreví a dejar.
Finalmente la distancia se terminó, así como el pedazo de tierra lunar. Pero el conocimiento permanece y ha crecido. Veo de otra forma al lunático, me percibo en él de la forma en la que creo que él se distingue en mi. Dejó de ser el otro, para conformar un 'nosotros', quizá un 'yo'. Un ser que ha crecido durante dos años y siete meses. (Recuerdo un poco de la plática de uno de sus últimos trabajos).
Esa noche que me puse a pensar en él, pasaron muchas imágenes antiguas, pero también reflexioné sobre el futuro. Pero consideré que el ahora era más importante, pues por más planes que se hagan, estos no llegarán si no se trabaja con el presente. Pensé en lo que el pasado nos dejó el viaje: cicatrices que poco a poco han sanado. Durante su viaje no me comunicaba de otra forma con él, sólo en el pedazo de tierra lunar, hoy puedo hablar sabiendo que me escucha, y viceversa. Esto ha permitido que se pierda la distancia entre ambos, y nos reconozcamos en el otro.
Consideré entonces todas las cosas, todo lo ocurrido en esta historia, y llegué a la conclusión de que aún falta más camino por recorrer y mucho más por conocer. Le queda mucho por crecer al 'nosotros'. Sigo convencida que el amor lo puede todo, y que es la fuerza que me mueve. Me pongo cursi entonces al decir que estoy enamorada de mi habitante lunar, que quiero seguir creciendo y dar lo mejor que pueda para nosotros.