
Pero la reflexión no concluye con mi apreciación del habitante lunar. Pensar en el propio ser requiere también del tiempo adecuado y las ganas de explorar un terreno que me parece escabroso. Pero los días, las circunstancias, muchas cosas, me han orillado por ratos a meditar sobre lo que soy. Hablando del lunático, hablo de mi misma, finalmente, porque lo percibo a través de la relación que nos une. Pero bueno, ese ya fue tema de la entrada anterior, en esta ocasión me refiero a lo que veo en mi.
Siempre consideré mi existencia complicada. Quizá porque no la contemplaba desde el ángulo adecuado, o quizás porque así quise que fuera. Y no me detenía a pensar en todas las cosas que hacía, por el temor tal vez, de enfrentar los cuestionamientos que mi propia mente me haría. Aún no descubro si por ese motivo tengo tan mala memoria. Pero parte de esta actitud, motivada por inmadurez, me llevó al dramatismo que repercutió en gran parte de las relaciones que establecía con los otros. Algunas terminaron con el absoluto alejamiento, otras con finales inconclusos, y varias que gracias al diálogo han podido pasar los topes.
Mi mente muchas veces crea historias más grandes respecto a ciertos sucesos, siempre rumbo a peor. Hace unos días escuché en un programa que uno debe aprender a callar a "la loca de la casa", aquella que grita, se enoja y nos lleva a cometer actos que después de que pasa la ira, nos arrepentimos. Me pareció una forma divertida de denominar a mi mente en algunas situaciones. La "loca de mi casa" ha gritado muchísimas veces tantas cosas que revuelve todo lo que pasa dentro de mi. Y cuando llega la hora de enfrentar las consecuencias de sus gritos, se pregunta por qué le pasa lo que le pasa.
Parte de lo que me ha llevado a reflexionar/escribir esto fue la determinación de dejar de complicarme la vida (aunque ya lo he intentado varias veces, pero bueno, sigo luchando por alcanzarlo). A veces siento que me he perdido de tantas cosas por no callar a la "loca de mi casa", por no respirar y contar hasta diez como decía el comercial, por no hablar a tiempo, por hablar de más, por engrandecer cuestiones que no tenían la más mínima importancia. Pero la vida no deja de ser aprendizaje, y aunque algunas lecciones toman más tiempo que otras, siempre queda la experiencia.
Por ahora me encuentro en proceso. Disfrutaré más de la vida y las bendiciones que se me han ofrecido. Y seguiré en el camino, mientras esta luna sigue en cuarto creciente.